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     Asunto: Tu sangre, mi comida
    NotaPublicado: Lun Ene 17, 2011 11:45 pm 
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    Registrado: Lun Ago 25, 2008 11:21 am
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    Aviso: Quizá esta historia no este hecha precisamente para la tematica de este grupo, pero como ya le comente a Edhe es un texto de hace tres años que he encontrado haciendo limpieza de mi bandeja de entrada XD.
    Me daba pena que se quedara en cuatro post y el me ha dicho que lo ponga aqui.
    Espero que os apunteis ya que esta totalmente "virgen" como quien dice.
    Esta ambientado en el futuro y en España. La tematica tal vez este muy explotada en cines y libros, pero me apetecia acabarlo.

    Año 2099
    En una época en la que las criaturas campan a sus anchas y los mortales ya no se sorprenden de nada, los vampiros pugnan por hacerse un hueco en la sociedad, en la noche.
    Toque de queda y una sociedad acostumbrada a verlo todo, conviviendo justos a pesar de sus diferencias.
    Cazadores y presas en ambas razas
    Experimentos que salieron mal, tal vez....Pero lo que ha estado milenios oculto, por fin, se dejara ver…


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     Asunto: Re: Tu sangre, mi comida
    NotaPublicado: Lun Ene 17, 2011 11:47 pm 
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    Registrado: Lun Ago 25, 2008 11:21 am
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    Cantabria, 12 de Agosto de 2099. 21:32 pm. Cuartos de estudiantes de verano de la UIMP

    Estaba terminando su tesis de Psicología, cuando golpearon a la puerta de su habitación en el Palacio de la Magdalena, residencia de estudiantes de verano.
    -Alex, vamos. Tenemos que estar allí a las diez.
    Con un simple gruñido a modo de contestación, la joven pelirroja guardo su trabajo en el ordenador y se limitó a apagar la pantalla. Organizó su escritorio. Era demasiado maniática y no soportaba ver un lápiz fuera de su sitio. Así que como siempre antes de salir, dejo minuciosamente recogido todo lo que había usado.
    De nuevo golpearon a la puerta:
    -Vamos, siempre eres la ultima.
    Corrió el pestillo y abrió:
    -Será que esas reuniones sociales no me gustan ¿Enserio tenemos que ir, Cris?- Su amiga sonrió divertida.
    -Estamos hablando de tu cumpleaños. No seas ridícula.- La joven volvió a gruñir.
    -Y supongo que tengo que fingir que me sorprendo.
    -Eh, yo no tengo la culpa de que el profesor nos mandase ese trabajo. Tu y tus estúpidas preguntas de psicoanalista... Venga, date prisa. Te esperare fuera así no te entretengo.
    La fiesta terminó igual que había empezado, muchas pasadas de manos por la espalda, reparto de besos... Y lo que mas rabia le daba era tener que sonreír falsamente a un puñado de personas que no se dignaban a saludarla cuando la veían por los pasillos de la facultad. Se podría decir incluso que la odiaban. Pero es que el alcohol gratis puede con ser de una buena familia, vestir buenas ropas y con el echo de muchas veces saber mas incluso que el propio profesor. No estaba bien vista... había cosas que aun con el paso de los años no cambiarían. Era una "pija" y encima se la tildaba de "empollona" Por suerte no era susceptible a ninguna de esas burlas.
    -Y ahora nos toca a nosotras limpiar la mierda de los demás.....
    -Efectivamente. Bienvenida al mundo de las relaciones sociales
    -Cris, no estoy para bromas.
    -Esa tesis te tiene comida la moral.
    -Tengo que entregarla antes de que acabe el mes y aun estoy por la mitad.
    -¡Por la mitad! Estarás de coña.... Llevas encerrada en esa habitación ni se sabe...¿Y aun estas por la mitad?
    -Quiero que sea perfecta.
    -Ese es tu problema, que todo lo quieres perfecto...... Alex.....
    -Dime- Ni siquiera se había inmutado por el comentario de su amiga.
    -Bah! Déjalo total... No vas a hacerme caso.
    De echo no se lo estaba haciendo. Después de fingir un rato con el grupo su cabeza había vuelto a la habitación y a la tesis. Quería acabarla. Quería que fuera perfecta y sobre todo, quería darles a sus padres en el morro por no haber confiado en ella.
    Su padre, un empresario de renombre, le había metido derecha a la carrera de Empresariales. Ella por supuesto, sabia que eso no era a lo que se iba a dedicar y había elegido una diplomatura. Ellos habían puesto el grito en el cielo cuando después de tres años les dijo que había terminado sus estudios satisfactoriamente.
    Y aun hoy, no sabia como les había convencido para que la dejaran meterse a Psicología. "Una carrera sin ningún tipo de futuro practico" Según las palabras de su padre.
    Pero, ahí estaba, y al finalizar el mes, acabarían sus "problemas". Seguramente su próximo paso seria irse a Madrid y establecerse allí. Pero eso aun estaba un poco lejos.
    -...¿Me estas escuchando?
    -La verdad, no. Te importa que limpiemos mañana. Quiero volver y descansar.
    -Prométeme que no volverás a meter la nariz en esa dichosa Tesis.
    -Esta bien....
    Las dos chicas salieron de la sala y se dirigieron al mismo lugar donde habían quedado. El paseo era largo, pero no demasiado


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     Asunto: Re: Tu sangre, mi comida
    NotaPublicado: Lun Ene 17, 2011 11:48 pm 
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    Registrado: Lun Ago 25, 2008 11:21 am
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    Madrid, 12 de Agosto de 2099. 2:00 am. Villaverde Bajo (afueras de la zona sur)

    Las gotas de sudor perlaban su frente del esfuerzo de correr durante una maldita hora detrás de un chupasangres. Ahora le tenía acorralado en una antigua fábrica que se dedicaba a moler arena para distribuirla después a las obras. Sabía que estaba dentro del recinto y no tendría escapatoria, pues solo había una salida y él la tapaba.

    Su Suzuki Marauder rugía todavía encendida por si por algún casual salía de allí aquella ramera de colmillos largos. Llevaba tras su pista tres malditas semanas y no había sido capaz de dar con ella hasta esa noche que la descubrió dándose un festín con un joven muy cerca de su refugio. La muy cabrona le había echo correr y arriesgarse el culo por aquel barrio que era idóneo para tener un centro de operaciones.

    La larga cuchilla que se podía ocultar en el palo brillaba con la luz de la luna llena y reflejó el movimiento de alguien dentro de la nave. Con un movimiento mecánico debido a la rutina de hacerlo besó su rosario y se ajustó bien la máscara de paintball que utilizaba para que no le vieran el rostro por si conseguían escapar cuando estaba de cacería. El gorjal se le ceñía demasiado y tiró un poco de el, pero era mejor eso que acabar siendo uno de ellos.
    Con paso decidido entró en la nave que estaba iluminada por las luces que se quedaban dadas por la noche. La muy puta se estaba escondiendo de él, pero no tendría salida, no después del trabajo que llevaba invertido en encontrarla.

    - Sal que yo te vea, será más rápido y fácil así que si te tengo que buscar yo - dijo con una voz fría, calculadora y de pocos amigos.

    La mujer vampiro trataba de rodearle por las vigas que pendían del techo. Para despistarle accionó el interruptor del motor de las aspas que trillaban la arena y un ruido ensordecedor ocupó la estancia.
    Chess sonrió pasa así mismo, esa treta se la esperaba, pero no por ello perdería la concentración al máximo. De echo le divertía que intentara jugar la hija del demonio antes de irse al otro barrio. Llegando al centro y muy cerca de unas aspas pequeñas que eran por así decirlo el primer paso para moler la arena, ella se le abalanzó desde lo alto.
    No reaccionó del todo a tiempo para hacer lo que quería, que era hacer que visitara las aspas desde cerca, pero sí consiguió golpearle con el codo mientras ella le arañaba su chaqueta de cuero a lo largo de la espalda.
    Rodó por el suelo para quitársela de encima y ella de un salto grácil hacia atrás se quedó en una pose con las piernas flexionadas y los brazos en posición de espera. Chess era rápido y su guardia con la cuchilla se armaba velozmente en estos casos y haciendo un giro amplio hizo un abanico para que hubiera espacio entre ella y él.

    Por fin la veía con algo de luz y sabía a qué clase de vampira se estaba enfrentando. Morena de pelo corto y pegado a la cabeza, labios rojos que escondían sendas agujas del infierno detrás de ellos y unos ojos azules que enmarcaban lo que antaño tuvo que ser un rostro angelical que ahora se tornaba siniestro. Un cuerpo bastante apetecible le pareció a su vista, pero no era momento de recrearse. Con un aire un tanto chulesco como le caracterizaba, pues no había ningún vampiro todavía que se cruzara en su camino y saliera de rosas, se irguió e hizo dos molinetes con la cuchilla mientras distraídamente cogía una pequeña botellita que contenía agua bendecida. De nuevo de un rápido salto ella se le plantó a dos palmos con las manos por delante y la boca clamando sangre, la suya, pero la tendría que pagar muy cara. Con un par de rápidos movimientos le hizo un corte en el brazo y se echó a un lado, un sitio idóneo para regalarle unas gotas de agua purificadora que al momento de hacer contacto con la piel empezó a hacer su efecto "balsámico", sonrió.

    Ella gimió y después bufó como los gatos y en respuesta de nuevo atacó con una velocidad vertiginosa pero estaba en guardia de nuevo y ella era una chiquilla todavía en la raza de los vampiros y no tenía control de su cuerpo. Le resultó bastante fácil vaciarle el contenido en la cara cuando se puso a dos pasos de ella. Mientras se ocupaba de taparse los ojos por las quemaduras que le estaba produciendo, escuchó una última frase.

    - Saluda de mi parte en el infierno y diles que llegaré tarde a cenar -

    La cabeza rodó por la nave... no dudó en echar el resto a las aspas para que no quedara ningún rastro y pudieran incriminarle por huellas, no sin antes coger un poco de la sangre de la pobre y guardarla en una pequeña redoma de cristal transparente.

    Al salir a la calle se levantó la máscara y el sudor se le heló en la cara. Una sonrisa un tanto macabra sugería que esta persona quien lo viera no estaba bien de la cabeza, pero daba la casualidad que no había nadie en aquella zona y a esas horas. Tan solo un yonkie con mirada alcohólica que terminó de corroborarlo el cartón de vino que tenía entre sus manos. Volvió a montar en su moto que todavía estaba en marcha y se alejó calle abajo. Tenía trabajo todavía pendiente...


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     Asunto: Re: Tu sangre, mi comida
    NotaPublicado: Lun Ene 17, 2011 11:49 pm 
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    Registrado: Lun Ago 25, 2008 11:21 am
    Mensajes: 132
    Granada, 12 de Agosto de 2099, La Cartuja, 23:19 pm.

    Estaba realmente perdida. No había pisado el monasterio en siglos, y menos sus catacumbas. Giró la cabeza. Izquierda. Derecha. Ni un alma. Pero… unos pasos rápidos. Carcajadas.
    - Mierda. Neófitos.
    Maldijo en todos los idiomas que sabia (que no eran pocos) la mala suerte que tenia. Encima ateos, como ella. No les afectaba nada sobre la religión católica. Si tenia suerte podrían ser judíos. Bastante fácil de deshacerse de ellos, solo había que saber como. Pero no optó por nada de eso, se arriesgaba a no acertar, así que sacó el cuchillo que había guardado hacia unas horas, cuando se sentó en un restaurante con Carrasco. No comió nada, claro esta, pero ponían unos filos tan dentados para cortar la carne... Sonrió a las tinieblas. Esperaba que la vieran ellos primero, por lo que empezó a caminar despreocupadamente, si tenia suerte podía tropezarse de bruces con la tumba.
    - No caerá esa breva…
    Hundió sus uñas en la tierra blanda de las paredes frustrada. Estaba tan cerca, tan jodidamente cerca, que tenía ganas de esparcir los restos de esos estúpidos chupasangres de pega por toda la ciudad. Por ir tan perdida en las lindeces que les dedicaba mentalmente a esos cuatro - si no se equivocaba al contar los pasos - que tropezó con una baldosa suelta. El sonido reverberó por todo el subterráneo. Las pisadas se detuvieron. Escucho el inconfundible sonido de la aspiración. El olor de la excitación. Dios mío, tan capullos son que no se dan cuenta que están a punto de perseguir a una de su misma especie? Eso pasaba por ir alimentándose sin ton ni son y no ocuparse después de los cadáveres. No había necesidad de crear competencia, de dejar cabos sueltos. Nunca fue partidaria de crear ejércitos de neófitos, ni de perpetuar su especie, ni de crearse un compañero. La verdad, se estaba mejor sola.
    Suspiró, y , para entretenerme mientras esperaba su llegada (Si, desgraciadamente creía que todavía se pensaban que era un dichoso monje o un guardia de seguridad que hacia su ronda), escarbó alrededor de la losa, para proceder a retirarla después.
    - Será que esta mierda de noche se habrá vuelto fructífera?
    La emoción hizo que cerrara sus otros sentidos, que estaban alerta a la llegada de sus huéspedes. Se metió el manuscrito que había encontrado entre el barro en el corpiño, contenta por una vez en siglos. Ver el sol se le había antojado desde el principio imposible, pero ahora, por fin, creía, tras muchos años de búsqueda infructuosa, que las palabras escuchadas por un viejo enemigo podrían ser verdad.
    Sin embargo, el dolor que tenia en el hombro dislocado la hizo volver al presente. Agarró con fuerza el cuchillo que había dejado en el suelo y lo escondió hasta la empuñadura en el ojo de aquel que la había agredido. Pudo ver su cara de estupefacción antes de que cayera al suelo profiriendo gritos de dolor. Normal, dolía estar muerto desde hacia pocas lunas. Con un chasquido, se colocó en su correcto lugar la articulación y miró despectivamente a los tres compañeros del tuerto. Uno llevaba puesto el uniforme del Trinity College, situado cerca del Palacio de Congresos. Estupendo, pijos. Y pijos con ascendencia inglesa. Que gustazo la iba a dar acabar con su "vida". Bien es conocida la animadversión que nos tenemos éstos estirados y los bretones.
    - Pero como osáis ni siquiera acercaros a mi? Asquerosos colmillos largos de poca monta, no os dais cuenta de que de mi ni siquiera obtendréis ni una mísera gotita de sangre?
    Los siete ojos la miraron con estupefacción. Se había ganado su confianza por el mero hecho de ser "como ellos". Con una carcajada de la más pura satisfacción se abalanzó sobre ellos y no tuvo ni un ápice de compasión.
    * * *
    Fuera, a la luz de la luna (daba igual cuanto fuese, no le hacia falta mucha), desenrolló el ajado pergamino, con mil cuidados. Las manos la temblaban, maldita sea. Odiaba la fuerza que tenían los neófitos. Los odió a todos ellos. Sin excepción alguna.
    Madrid. Ahora resultaba que tenia que ir a Madrid.
    -No, joder, aborrezco las putas aglomeraciones.-se dijo para si apretando los dientes- Pero está allí, la clave está allí


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     Asunto: Re: Tu sangre, mi comida
    NotaPublicado: Lun Ene 17, 2011 11:51 pm 
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    Registrado: Lun Ago 25, 2008 11:21 am
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    Santander 14 de Agosto del 2099 11:37 pm Palacio de la Magdalena

    Las notas de la triste melodía del Réquiem de Mozart, resonaban por los pasillos del Palacio con ecos distorsionados que, a pesar de ser de día, lo hacían parecer lúgubre.
    El mar embravecido fuera de las paredes, acompañaba el tempo dándoles la pieza mas solemnidad de la que ya tenia ella de por si, como si fuese el preludio de una horrible noticia..
    El teléfono fijo de la habitación sonó. Un tono... dos....tres...
    -¡Joder!- descolgó y apretó la tecla colgando a quien fuese sin siquiera mirar de quién podría tratarse. Dejo el auricular sobre la mesa. Poco tiempo después el Stainer volvía a sonar invadiendo la estancia nuevamente de notas melancólicas.
    Justo cuando iba a empezar la segunda parte sonaba su móvil. Al principio trato de ignorarlo, pero no pudo. Quien quiera que fuese estaba insistiendo demasiado. Opto por dejar el instrumento delicadamente sobre la cama y mirara a ver de quien se trataba.
    "Johanna" Ponía en la pantalla. Era su madre, pero siempre había tenido la mala costumbre de llamar a todo el mundo por su nombre de pila, incluidos sus padres.
    -¿Mama?- Su extrañeza se debía al echo de que nunca la llamaran. Siempre andaban de viaje en viaje o de fiesta en fiesta. O simplemente en cualquier sitio en el que rodearse de gente importante. Ella misma había asistido a varias de esas celebraciones en las que los empresarios, entre coñac y coñac, se frotaban la espalda felicitándose por los buenos negocios que habían cerrado. Cogió el teléfono- ¿Si?....Ahora no puedo irme...Pero Johanna, tengo la tesis a medias y en septiembre....¿Que?....¿Cuando?....Esta bien dame hasta mañana....¿Como que ya tengo los billetes?....A las cuatro, eso son menos de dos horas para preparar las cosas....Esta bien. Adiós.
    Cuando llego al aeropuerto y vio los billetes de primera estuvo tentada de salir a la calle a regalarlos, pero por una vez no iba a rechistar. Ni siquiera por el simple echo de volar. Lo odiaba. No era cuestión de miedo, simplemente pensaba que era algo frío y rápido. Viajaba mucho mas cómoda en tren y le parecía, al menos bajo su punto de vista, que una buena música de Freddie Keppard y el paisaje eran sus mejores compañeros. De todas formas en esta ocasión no diría nada. Tenia la necesidad de llegar a Madrid cuanto antes a pesar de que la noticia de la muerte de su padre no la había alterado en exceso. No es que no lo sintiera, ni que no la hubiesen mostrado cariño. Se había quedado fría. Pensó que podía ser porque aun no lo había asimilado, pero en el fondo sabia que no era así.
    Subió al avión con la certeza de que se había dejado algo.. Aunque a su modo de ver lo mas importante lo tenia. El portátil, la PDA, su violín y algo de ropa. Con el poco tiempo y la necesidad de dejarlo todo bien recogido apenas había reparado en lo que debía llevarse en la maleta. De todas formas estaba tranquila porque había dejado una breve nota a su amiga Cris en la que le decía la dirección de donde tenia que mandar sus cosas, y el numero de teléfono de la empresa que debía recogerlo.

    ****************
    Madrid 14 de Agosto del 2099 18:08 pm Edificio Royal

    El taxi paro frente a las grandes puertas del edificio número 43 de la Calle Nueva Serrano. No era un edificio especialmente bonito, se había construido tras el incendio del 31 en el que toda la Calle Serrano fue arrasada. Allí, en el ático de 517 metros cuadrados, Johanna esperaba impaciente. Daba vueltas alrededor de la estancia lanzando miradas acusadoras al chofer que había ido a buscar a su hija. "La señorita se ha negado rotundamente, señora. Ha preferido coger un taxi" Le había dicho.
    El portero la abrió la puerta del coche tras pagar los servicios al taxista. Se había desecho en lisonjas al reconocerla. Algo que la pareció patético. Pero el hombre nada mas que hacia su trabajo. A todos aquellos ricachones que ocupaban las plantas del "Royal", así era como se llamaba el edificio, les encantaba que les lamieran el culo con verborrea barata. Finalmente opto por quitársele de encima dándole algo de suelto que llevaba en el bolsillo. La verdad es q el taxi no la había dejado mucho, pero a el pareció de bastarle dado que rápidamente se dirigió al maletero del auto y lo descargo.
    El ascensor tardo mas de la cuenta. Los Davenport con sus nuevos criajos tenían la necesidad imperiosa de saber como le había ido durante los seis meses que había estado fuera del país. Prácticamente dos años atrás. Y ellos se empeñaban en no dejar que la puerta se cerrase. "¡¡Maldita gentuza sabionda!!" Dentro de otros dos años se preocuparían de como había muerto su padre...
    Finalmente consiguió quitárselos de encima, no sin cierto esfuerzo y largas. Cuando por fin llego a la planta del ático, lugar al que solo se podía acceder con una llave especial que siempre llevaba del cuello, su madre estaba esperándola prácticamente en la salida del ascensor. Ni siquiera la abrazó. Recordó en ese momento que la ultima vez que lo había echo ella contaba con tan solo 7 años y fue porque se cayó esquiando, es cierto que ese día unos amigos de sus padres estaban con ellos, así que siempre tubo la duda del por qué. Ni cuando se lesiono la rodilla y la dijeron que nunca mas podría dedicarse profesionalmente al patinaje fue capaz de hacerlo. Pero quizás, gracias a eso, su carácter se forjo férreamente
    -Siéntate, tenemos mucho de que hablar


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     Asunto: Re: Tu sangre, mi comida
    NotaPublicado: Lun Ene 17, 2011 11:52 pm 
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    Registrado: Lun Ago 25, 2008 11:21 am
    Mensajes: 132
    Hotel Carmen, Acera del Darro, Granada. 14 de Agosto 2099, 5:00 am.

    Se tumbó derrengada en el diván de la suite. Las cavilaciones nunca habían sido su fuerte. Los dolores de cabeza desde pequeña habían hecho inútil cualquier intento de profundizar una teoría durante días. No era ninguna Sherlock Holmes, y eso iba a hacer difícil encontrar un camino recto para llegar a buen puerto. No se podía plantar en Madrid sin mas, sin tener una pista. Lo peor de las grandes ciudades era la cantidad de seres que pululan por los callejones, al caer el sol. Como buen miembro de la alta sociedad que siempre había sido se horrorizaba al pensar que tenia que mezclarme con cualquier asunto vampírico. La casa de los Pura Sangres situada cerca de la Moncloa, iba a meter las narices en sus asuntos, sobre todo al ser extranjera. Les daba igual que llevase casi un siglo escondida en Andalucía, para ellos seguía sin perteneciendo al lugar. Si ella les tenia asco a los neófitos, ¡que desprecio sentían ellos (Los Pura Sangre) por cualquiera de los "Conversos"!
    Pero bueno, ya había dicho que "pasaba" de todo ese asunto. Nunca se consideró vampira, no por nada casi nadie sabia de su existencia. Ya se encargaría ella de que en todas las barbaridades que había cometido en el pasado - Asesinar a sus dos hijos, torturar y acabar con su marido, "despoblar" las pequeñas naciones que surgían en el Oeste de Estados Unidos, buscar y encontrar a su creador, acabar con el, desafiar a los clanes de Transilvania, llevarse el manuscrito, destruirlos a todos, clan y manuscrito (Claro, sirviéndose de neófitos, a los que posteriormente eliminó), etc.- no se dejara ninguna huella que pudiese conducir a su persona.
    No se arrepentía de nada. Nunca. Sino, no sería capaz de levantarme cada anochecer. La culpa es un mal amigo.

    Las seis y media de la mañana. Empezó a notar cómo subía su temperatura corporal, por lo que cerró los postigos y la persiana. Corrió los visillos y las gruesas cortinas, y se metió entre las sábanas, tras asegurarme que ningún rayo letal podía traspasar todas aquellas barreras. En el hotel la tomaban por una muchachita mimada - El aspecto a veces engaña, como lo son mis eternos 27 años, que mi carita aniñada desmienten - rica, esnob y que iba de fiesta en fiesta, gastando dinero y sin hacer nada por la vida. Que creyesen lo que quisieran. El último que supo la verdad estaba enterrado a 20 Km. de la ciudad, en un descampado. Pobre señor mendigo.
    Rememoro para su deleite la cara de pánico de este último al saber toda su historia, y como, tras saciar la poca sed que ahora mostraba su cuerpo, crujió su cuello entre sus pálidos dedos.
    Coincidiendo con la salida del sol, cerro los ojos y se sumió en su letargo, plagado de sueños.

    20 Octubre de 1775

    Si padre hizo que se levantara con un grito de bárbaro. Contemplándose a sus catorce años, rió del gusto de que el estuviera en casa, y no de viaje. La sentó sobre sus rodillas y suspiró.

    - ¿cómo está mi pequeña Nenette, la hada de mis bosques?
    - Papá, madre dice que me has traído un regalo. ¿Es verdad papounette?
    - Si, mi Nenette - Con un gesto hizo llamar a un criado, el único que permaneció fiel a la familia. Los demás, al saber la situación económica, habían huido. Le susurro unas palabras que la pequeña Yvenne no llegó a oír. - ¿Qué dirías si te dijese que te traje a un príncipe, mi hada?
    La pequeña se volvió a reír.
    - Papounette, los príncipes no existen. Y los de verdad no creo que viniesen aquí, porque tu simplemente se lo pidieses.
    - Pues tu papá lo ha conseguido. - Su semblante se volvió serio.- Mi querida Nenette, la situación es... - Unos golpes a la puerta de la biblioteca lo interrumpieron.- Debe de ser Bertrand. ¡Pase, monsieur!
    La Yvenne de catorce años se volvió, y su mirada chocó con la de un hombre de mediana edad, con los ojos glaciales como el mar de su querida Bretaña, el gesto serio, los cabellos negros. Le dirigió una reverencia a su padre, otra a ella.
    - Monsieur Pontillac, mademoiselle. Hice el ingreso y el barco zarpará desde Marsellés dentro de tres días. El capellán nos espera en la iglesia. ¿está lista?
    Yvenne miró con los ojos como platos a su padre.
    - ¿Lista? Papounette, ¿qué pasa? ¿Quien es este monsieur?
    - Mi hada, este señor es tu futuro marido, que se ha comprometido a cuidar de ti, Yvenne - Era la primera vez que su padre la llamaba por su nombre - Entiéndeme, necesitamos el dinero para salir adelante, tu madre no soportaría caer en la pobreza. Además, Nenette, este monsieur te cuidará, y te dará todo lo que puedas pedir. Es lo mejor para ti, ¿lo entiendes Nenette?
    La muchachita se levantó de un salto y comenzó a vociferar:
    - ¡No, padre! ¡Yo no quiero casarme! ¡No quiero irme con este monsieur! ¡Papounette, yo quiero quedarme aquí, en Bretagne!
    El hombre, que hasta ahora se había limitado a contemplar a Yvenne, con un brusco gesto la cogió del brazo y clavo en ella sus dedos, así como su fría mirada de ojos grises.
    - Obedecerás a tu padre y a tu futuro marido. - Su tono era falsamente suave.- Y ahora: ¡Camina! El capellán nos espera. Monsieur Pontillac, au revoir.
    - Au revoir, monsieur Languedoc. - Su padre se giró hacia los grandes ventanales, no osando mirar a la cara a su pequeña Nennette.
    La mano que antes agarraba fuertemente su brazo ahora le acariciaba los dedos, dulcemente. Yvenne empezó a calmarse, pensando que, si su padre había elegido a este hombre, no sería para nada una mala persona. empezó a creer que antes de que llegaban a Marsella (¡Iba a Marsella!) se enamoraría de ella.
    Que equivocada estaba.

    22 de Diciembre, Nouvelle Caledonie, Oceanía.

    El barco se detuvo suavemente. Yvenne Pontillac, ahora Languedoc desde hacia casi dos meses, se asomó para contemplar el mar de un celeste casi dañino para la vista. Se volvió para toparse con la cara de Bertrand, su marido. Le sonreía, pero, como siempre, ese gesto no llegaba a sus ojos, que la contemplaban como a un objeto más de su posesión.
    Con un gesto titubeante - Si, Yvenne le tenia miedo a ese extraño que compartía su lecho desde que partieron de Marsella - llevó su mano a entrelazarse con el brazo de el, contemplándolo, a su pesar, con cierta admiración. Ella había sufrido de "mal de mer" durante toda la travesía. Estaba pálida y desmejorada, pero él había adquirido un suave tono tostado, que hacía que sus ojos fueran algo extraño que no casaba con la calidez de su piel.

    - Mi fe (había adoptado el apelativo que antaño le dedicaba su padre. Cada vez que lo oía se le encogía el corazón por la añoranza y él lo sabía, por eso lo utilizaba.), ¿qué tal estás? bajaremos dentro de nada a tierra firme, y antes de que acabe el día estaremos en la Plantación.
    - De acuerdo. - dijo, adoptando la pose sumisa que había aprendido a lo largo de la travesía.

    más tarde, ese mismo día, tras haberse ya instalado en sus aposentos, contiguos a los de M. Languedoc, miró, desde su balconada encalada, la increíble puesta de sol. Y ahora, solo ahora, se atrevió a dejar escapar una pequeña lágrima.
    Se sentó en su tocador y se bajó una de las medias, contemplando el hematoma, que empezaba a tener los bordes amarillos, al igual que los otros de la otra pierna y del abdomen.
    Todos los días le pedía a su Titania particular que concibiese un hijo, tal como Bertrand le exigía, para que acabara ya esa tortura. creía que si tenia un retoño empezaría a quererla.
    Se engañaba


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     Asunto: Re: Tu sangre, mi comida
    NotaPublicado: Mié Ene 19, 2011 12:47 am 
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    Registrado: Vie Ago 15, 2008 11:17 pm
    Mensajes: 976
    Ubicación: Sede de los Paladines de Varine, Inmerion
    Base secreta de La Agencia, en algún punto indeterminado de la zona sur. Madrugada del 12 al 13 de agosto de 2099

    La cama de hospital metálica estaba tremendamente fría, lo que hizo que se le erizara el cabello de la espalda y el vello de los brazos. No podía ver de nuevo por el ojo izquierdo, y como siempre era una sensación que le inquietaba.

    Sintió como los calmantes entraban por la conexión a la altura de la nuca y su ojo derecho empezó a delinear la figura borrosa de la mujer que lo examinaba. Desnudo, sobre la camilla, se sentía vulnerable y eso no le gustaba.

    Nunca le había gustado.

    -Ritmo cardíaco normal, baterías cerca del cuarenta por ciento, otra vez el problema del ojo.
    -Y chaqueta rota -contestó otra voz que no era la de la mujer que ahora le deslumbraba con la linterna-. Vaya rasgón.
    -Hum -dijo ella-. Creo que vuelve a tener patrones mentales anormales.
    -No jodas -contestó la otra voz-. Voy a monitorizar... adiós, la centralita otra vez.
    -Arréglalo, solo responde a estímulos por el ojo normal. Está tuerto.
    -Tengo que reiniciarlo, Jess.
    -No me llames así, capullo. ¿Por qué?
    -No me acaba de convencer esta versión de firmware, choca directamente contra las controladoras más antiguas y eso no me mola un pelo. Puede causar un conflicto que influya en su pensamiento racional.
    -Vaya con el genio. ¿Otra vez vamos a tener que abrirle el cráneo a Chess? Cuando deje de estar groggy seguro que va a estar de acuerdo en que le repares tu nuevo "ups".
    -Aún me duele la mandíbula del último "ups".
    -Bueno, me parece que no está del todo dormido ¿Chess?
    -Ups -dijo la voz masculina.

    Chess intentó vocalizar algo, pero de su boca salió un sonido pastoso y denso que no acababa de controlar. Notaba que Jim estaba tocando algo en su muslo derecho, posiblemente una de las controladoras motrices que tenía implantadas. Había notado durante el combate que no respondía correctamente, pero aquel zumbado lo sabría según le había visto entrar por la puerta.

    -¿Lo decías por que está despierto o porque has visto algo?
    -Este servo hay que cambiarlo. Durará menos de un mes si no lo hacemos.
    -Puf, más gastos. La Agencia nos va a mandar a la mierda y no sin razones... además, como a este se le crucen tus cables, nos va a atomizar.

    Sintió como una ira homicida le subía desde la base de la columna, y no pudo frenar una mano que salió disparada de la camilla directamente al cuello de Jess. La doctora emitió un grito ahogado, mientras Jim pedía ayuda al último componente del grupo. Los pernos de emergencia de la camilla se activaron sujetando la otra mano y los tobillos. Hizo falta la fuerza del ruso Igor, el especialista de armas, para arrancar los dedos de la garganta de la cirujana.

    -Joder -tosió-. ¿Patrón anómalo? ¡Grandísimo... cof... gilipollas! ¡Casi me mata!
    -No sé qué ha pasado -se disculpó Jim.
    -No... control... -balbuceó Chess-. Desactiva... diagnóstico.

    El ruso apretó el botón de corriente del portátil y Chess parpadeó moviendo ambos ojos. Jim corrió hacia su equipo gritando que no podía hacer eso, pero Igor lo apartó de un manotazo. El imponente ruso se plantó ante el cazador y le soltó.

    -¿Mejor, viejo amigo?
    -Mejor. Ya veo bien.
    -¿Cómo fue la caza?
    -Mal.
    -¿Escapó?
    -No, no era ella.


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     Asunto: Re: Tu sangre, mi comida
    NotaPublicado: Mié Ene 19, 2011 11:06 pm 
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    Registrado: Lun Ago 25, 2008 11:21 am
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    Madrid 15 de Agosto del 2099 12:16 pm Edificio Royal

    -Bueno y con eso creo que esta todo. ¿Conformes?
    -Tiene que haber un error…
    -¡Cállate!- su madre apretaba los dientes desde que había comenzado la lectura del testamento y al oír su parte, la mueca se le había quedado estática en la cara. Alex pensó que si seguía así se los partiría.
    -¡No, Johanna, no me callo! ¿Podría mirarlo otra vez? Por favor..
    -Esta muy claro, señorita Staton, su padre la deja a usted a cargo de la compañía. Además de todo lo mencionado anteriormente.
    -¡Pero eso no puede ser!¡No tengo ni idea de lo que hacen allí!
    -Esta todo muy claro señor Gómez, muchas gracias por ser tan rápido.
    -No quisiera demorar su viaje señora Staton.- “Que falsas las sonrisas” pensó la joven.-En los próximos días hablare con usted, señorita, ya quedaremos para las firmas y será todo legal.

    Tras un par de apretones de manos el notario se metió en el ascensor y desapareció.
    -Iras esta tarde.
    -No tengo por qué. Vete tu si tienes tanto interés.
    -Yo no soy la dueña, y no tengo ninguna razón para ir allí. Te las apañas.
    -¿Y tu a dónde te vas?
    -A gastarme la miseria de dinero que me ha dejado el difunto.
    -Así te pudras…
    -Tranquila, no volverás a verme el pelo.
    -Joder, no tendré esa suerte.
    -¿Qué has dicho?
    -Que buen viaje…
    -Preparare las maletas, total tampoco estoy en mi casa.

    No se dijeron más, una hora más tarde oyó el característico “plin” del ascensor y eso fue todo. Si bien era cierto que la relación con su madre nunca había sido para tirar cohetes, eso había sido la gota que colmó el vaso. En su fuero interno, esperaba que sus palabras no hubiesen sido una simple amenaza. Incluso llego a pensar que no estaría mal que en una de esas borracheras que se pillaba no se diera cuenta del toque de queda y se la comiera un vampiro, pero por desgracia para ella el chofer era de su madre y a él seguro que no se le iba a pasar por alto.
    Se sentó en su cama mirando a su alrededor, ya se le hacia bastante grande la habitación como para asimilar que todo ese ático le pertenecía. Para matar el tiempo, ya que se negaba en rotundo a aparecer ese mismo día por la compañía, decidió trasladar todas sus pertenencias a la habitación principal. No por ganar mas espacio, que no lo necesitaba, sino por el baño. Le encantaba el baño de sus padres y siempre que había ido allí, en cuanto ellos desaparecían a una fiesta o alguna reunión de tantas, aprovechaba para hundirse en la enorme bañera y así poder autoanalizarse y recorrer todos los recovecos de su mente.
    Ese día no fue una excepción, pero sus pensamientos se tornaron demasiado oscuros y tuvo que salir enseguida.
    Se puso la bata de seda con el cuerpo aun mojado. A estas alturas ya no le importaba a nadie. Salió de la habitación y observo que su móvil brillaba.
    -Siete llamadas perdidas…¿Quién demonios me ha llamado?- no era una persona con demasiados amigos, por no decir ninguno.-¿Esa arpía va a volver…? No me jodas. -Pero no conocía el numero de la pantalla.
    -Se habrán equivocado.
    Poso el teléfono en la mesa del salón para ir a secarse el pelo, pero aun sin girarse volvía a sonar.
    -¿Si?…Si, soy yo.¿Cómo a conseguido este número?…¿Qué?-salió a la terraza del ático, efectivamente ahí abajo había una limusina aparcada justo en la puerta- Hoy no pensaba ir, así que se puede marchar. Tal vez mañan…-la persona al otro lado de la línea no iba a aceptar un “no” Suspiro largamente-Esta bien, en diez minutos.
    Y colgaron.


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     Asunto: Re: Tu sangre, mi comida
    NotaPublicado: Mar Ene 25, 2011 12:31 pm 
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    Registrado: Lun Ago 25, 2008 11:21 am
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    Madrid 15 de Agosto 15:03 pm Edificio Staton DNA Cube Corporation NCT

    El chofer le había dado las buenas tardes tras abrirle la puerta e indicarle que subiera, pero en ningún momento mas le dirigió la palabra. Hacia su trabajo y punto.
    Habían llegado al Edificio Staton enseguida, estaba situado en Boadilla del Monte, una antigua ciudad financiera que su tatarabuelo había comprado en 2008 al antiguo Banco Santander, ahora renombrado como Banco Español debido a que era el único banco del país que había sobrevivido a una enorme crisis mundial que se dio por esa época. De echo todos los bancos que ahora había en el mundo tenían el nombre de su respectivos países, habían conseguido fusionar las llamadas cajas y bancos de otros nombres en uno solo, así la economía se había sujetado. Algo difícil y seguramente algo que habrían tachado de imposible en aquella época, pero que se hizo.

    Contaba con la edad de 51 años por aquel entonces, así que enseguida cambió los papeles de la titularidad a su bisabuelo, era una especie de regalo de cumpleaños. Desde entonces, el apellido Staton se mantenía allí. Por supuesto, se lo había comprado con fines financieros, pero por lo que había contado siempre su padre, su bisabuelo, Thomas Staton, había visto el futuro en la nanotecnología y por supuesto había sido todo un acierto.
    Con la misma eficacia, había vuelto a abrirle cuando llegaron y con un seco “Por ahí” se había despedido de ella.

    Una mujer, bastante atractiva e imponente la esperaba en la puerta. Su traje negro y la acreditación le indicaron que era alguien de peso en la empresa (las acreditaciones se distinguían por colores y la de ella era roja), pudo corroborarlo, cuando al acercarse vio su nombre, Liliana Martínez, “Genial, venia a recibirla la vicepresidenta de la empresa y sin duda era la persona que la había llamado” En la tarjeta que llevaba colgada del cuello no decía nada de su grado en la empresa y nunca antes la había visto, pero si que había oído hablar de ella a menudo. Sospechaba que su padre y ella habían mantenido mas de una aventura y en vista de lo visto, no le culpaba.
    Enseguida la estrecho la mano dándole la bienvenida.

    -Es un placer que haya acudido tan pronto a mi llamada, señorita Staton. Espero que no tuviese nada importante que hacer. Sígame.
    -En realidad no- respondió ella mientras entraban en el edificio. Un recibidor circular que comunicaba con varios pasillos. En todos ellos había una columna metálica que llegaba a la altura de la cabeza y se dividía en tres, mano, acreditación y ojos. Tras saludar a los guardias que estaban tras un mostrador y hacer el ritual de la columna, pasaron a un pasillo largo y algo estrecho en cuyo extremo había una puerta de ascensor con otra columna a su derecha. Supuso que se trataba, viéndolo desde fuera, de una de las alas del rascacielos que se veía al aproximarse a la zona.- Pero dígame, a qué se debe tanta prisa.
    -Bueno.. Es una mera formalidad. Tiene que firmar algunos papeles que su padre..-en ese punto la voz se le quebró, pero enseguida se recompuso. Alex acababa de confirmar sus sospechas- Su padre había dejado pendientes algunas cosas. Nada importante por supuesto.
    -En ese caso, podría haber esperado a mañana. ¿No cree?
    -No, mañana ya tiene el día programado.
    -¿¡Qué!?- resultaba que ahora tenia la vida en una agenda. Respiró profundamente intentando calmarse, pero no lo consiguió y su voz salio como una reprimenda en toda regla- Vera, he llegado ayer de Santander y hoy por la mañana me han comunicado que soy la dueña de esto entre otras cosas. Y todo eso con el cadáver de mi padre aun caliente. Cree que seria posible, que al menos por un día se respetase la intimidad de la familia velando al difunto o es que en este mundo no hay consideración.- Por supuesto esas palabras no se las creía ni ella misma, pero si que era cierto que al menos necesitaría un día o dos para poder asimilar todo lo que se la iba a venir encima. La mujer la miraba culpable, supuso que era porque ella misma había deseado eso para si.- Esta bien hoy es jueves, vendré mañana, pero el fin de semana lo quiero libre, sin llamadas ni visitas.

    En ese momento llegaron al piso deseado, el sesenta.
    -Por aquí, por favor- fue la escueta respuesta de la mujer.


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     Asunto: Re: Tu sangre, mi comida
    NotaPublicado: Jue Ene 27, 2011 1:36 am 
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    Registrado: Lun Ago 25, 2008 11:21 am
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    Madrid 15 de Agosto del 2099 19:36 pm Edificio Royal

    Durante casi cuatro largas horas había estado escuchando a esa mujer y recibiendo saludos de un montón de gente que no conocía de nada. La estrechaban la mano con una sonrisa enorme en la boca, para después, en cuanto seguían avanzando, criticarla de forma descarada. No es que la importase, pero al menos podrían ser mas discretos..

    La mujer, con una paciencia infinita, ya que tenia por costumbre preguntarlo todo, le había mostrado parte de las instalaciones de la empresa y respondido a todas sus dudas, aunque la mayor parte del tiempo lo habían pasado en el despacho de su padre, ahora el suyo, donde estaría seguramente las horas muertas mirando a la nada mientras el personal hacia su trabajo o la seguía criticando.
    Empezaba a pensar que su padre no conocía para nada la cenofobia, y es que tenia una fijación extrema por los espacios excesivamente amplios y carentes de objetos. Casi todo era vacío, un vacío que finalmente había dirigido su vida. Por un momento se preguntó si quizá se sentía así él mismo y lo reflejaba en sus “pequeños” lugares de recogimiento.
    Finalmente, el mismo chofer con cara de pasa la había devuelto al Royal, con la misma “conversación elocuente” que la primera vez.

    Puso los ojos en blanco y arqueó las cejas en un gesto de resignación. Después posó su vista en un montón de papeles que le había entregado la vicepresidenta, una curiosa forma de darle la bienvenida. Había sugerido que les echase un vistazo para que se familiarizara con la Staton, pero en realidad había querido decir que esa noche no dormiría repasando esos documentos. Bueno, un poco de lectura no la mataría, además dudaba mucho que fuera a conciliar el sueño y estaba su tesis.
    Suspiró. Su tesis. Solo habían pasado dos días, ni llegaba, y ya la parecía tan lejano que se le hacia irreal.
    Resopló nuevamente mientras se colocaba sus gafas de pasta y se sentaba en el sofá, esparció los papeles sobre la mesa antes de decidirse por coger uno, al fin y al cabo por muy ordenados que estuviesen su método de trabajo no era precisamente el estudio cronológico de las cosas. Desde siempre había comprendido mejor buscando causa y efecto. Aunque, en una persona tan ordenada como ella, tener tanto papel esparcido, no era muy coherente.

    Estuvo varias horas allí sentada antes de darse cuenta de que su estómago empezaba a quejarse, así que tirando literalmente el dossier de veinte páginas que tenia en la mano, se levanto dispuesta a darse un descanso para comer algo. Pero al arrojar el documento, los papeles se desplazaron y en la esquina inferior, es decir, por la parte del sofá, casi a punto de caerse de la mesa, apareció un papel que le llamo poderosamente la atención, y no porque hubiese algo importante escrito, sino por una salpicadura de algo que parecía sangre.
    Movió ligeramente el resto de hojas y aparecieron varias salpicaduras mas, hasta que dio con un pequeño papel, que a la vista de la mancha, habían agarrado con la mano, por una cara se veía un pulgar y por la otra cuatro dedos, dos de ellos no muy marcados, pero si bien visibles.

    -Pero qué demon….- se cortó, aunque a simple vista no había visto nada mas que la mancha, a contra luz pudo distinguir las letras y un numero. Entrecerró los ojos intentando distinguirlo, finalmente pudo leer- Jorge Sorribes… L.. Age..ia y seis, tres, tres…. Pero que leches es esto.
    Un montón de dudas y teorías empezaron a pasársele por la cabeza. Pensamientos retorcidos que no la dejarían tranquila hasta que los disipase. Pero no podía ser posible, Johanna había afirmado que su padre había muerto de un ataque al corazón. Y si no era así ¿Y si ella había contratado a ese tal Jorge para matar a su padre y él la había descubierto? Se rió de si misma por tales idioteces, pero..

    Decidió llamar usando el móvil de su madre. En su afán por ir a gastarse el dinero se lo había dejado, lo cual era bueno para ambas ya que no se sentirían en la obligación de llamarse. Si esa persona hablaba de forma directa con ella daría por echo que se conocían, y que algo mas allá de lo que le habían echo creer había pasado, sino descartaría esos pensamientos.
    Marcó el número y esperó, un tono, dos, tres y así hasta seis. Cuando ya se disponía a colgar una voz sonó al otro lado de la línea.

    -¿Diga?-
    -Hola- carraspeó- soy Johanna.
    -Perdón, quién.
    -Johanna.
    -Disculpe, pero..
    Colgó y acto seguido apagó el teléfono, se imaginaba lo que vendría después, así que su teoría de la conspiración había muerto ahí.


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    Traducción al español por Huan Manwë