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     Asunto: El retorno de la Bruja II: La Maldición de la Amargura
    NotaPublicado: Vie Ago 13, 2010 9:03 pm 
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    Registrado: Mar Ago 26, 2008 8:37 am
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    -Despierte. Despierte Señor Hunkin.
    -¿Mmm?

    La gran calva de Vran Hunkin arrancó destellos a la luz de la vela casi consumida que había sobre el escritorio del estudio mientras la cabeza a la que pertenecía se alzaba de su reposo entre los fuertes brazos del alquimista. Tras pasarse la mano por los ojos y bostezar sonoramente, giró la cabeza clavando su mirada soñolienta en la joven doncella que acababa de despertarlo.

    -Buenos días Anna, ¿hoy también llegas más pronto?
    -No Señor Hunkin. He llegado a mi hora, pero usted ha vuelto a quedarse dormido aquí- dijo con suave tono de reproche-.
    -Oh.. Vaya- movió la cabeza a un lado y a otro oyéndose el crujir de los huesos del cuello-. Desde luego.
    -No debería quedarse hasta tan tarde trabajando.
    -No. Claro que no- dijo para sí mismo como dándole la razón a la joven mientras se levantaba de la silla.

    Pero él sabía que mientras le quedase vida, seguiría experimentando, documentando y analizando sin importar el tiempo empleado en ello. Era su trabajo, era su afición, era su pasión. Era el precio por ser el mejor. Aunque no quiso discutirlo con la doncella, que en ese preciso instante depositaba una jofaina y una jarra de agua junto a un suave lienzo para que se asease.

    -Ahora le preparo algo de desayuno. Le venía a ver para decirle que le esperan en la tienda.
    -Es muy temprano. ¿Te han dicho algo en especial?
    -Sólo que deseaba verle. Era una mujer sola, aunque creo que había alguien de su séquito fuera con un carruaje inmenso. Parece una aristócrata, o al menos alguien acostumbrada al dinero.
    -Perfecto. Esas son las que mejor pagan.

    Mientras bajaba la angosta escalera desde la vivienda a la tienda, Hunkin sintió que algo marchaba fuera de lo común. Parecía que los animales de varios kilómetros a la redonda hubieran enloquecido. Se oía ladrar a todos los perros, los caballos corrían sin control por las calles haciendo caso omiso de sus dueños. Incluso se oía a los animales de las afueras de la ciudad balar, gruñir o aullar furiosamente. Un mal presentimiento se adueñó de su mente, llegando incluso a pensar en volver a su casa, pedirle a Anna que mintiese para decir que estaba indispuesto y esconderse unos días en la seguridad de su estudio. Y mientras apartaba su mano del picaporte de la puerta que daba a la tienda, una voz suave pero cortante como una cuchilla que provenía desde el otro lado de la puerta interrumpió sus pensamientos.

    -¿Señor Hunkin?
    -Buenos días..- azorado, abrió la puerta, encontrándose con Ella frente al mostrador, mirándole fijamente con la cabeza levemente inclinada a un lado-.
    -Me pareció... oírle junto a la puerta- la mujer esbozó una sonrisa casi deslumbrante, frunciendo los labios en un mohín adorable-. Espero no haberle molestado.
    -No, no. Desde luego que no. Solamente bajaba pensando en que iba a necesitar una mujer como usted.

    Ella rió de forma cantarina, aunque sus ojos no reflejaban su hilaridad. En alguien acostumbrado a fijarse hasta en el mínimo detalle como Vran Hunkin, no pasó desapercibido el gesto duro, cruel, de las pupilas de la mujer cuando estas se alargaron hasta convertirse en dos rendijas similares a las de un reptil. Y acostumbrado como estaba a todo tipo de anomalías, eso hizo erizarse el escaso pelo que quedaba en su cabeza.


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     Asunto: Re: El retorno de la Bruja II: La Maldición de la Amargura
    NotaPublicado: Dom Ago 22, 2010 3:05 pm 
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    Registrado: Mar Ago 26, 2008 8:37 am
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    Ubicación: El fuego eterno
    -¿Qué haces aquí?- la voz de Hunkin se volvió áspera mientras retrocedía hacia la puerta-.
    -Vamos Vran, después de tanto tiempo sin vernos, ¿y lo único que se te ocurre es preguntar qué hago aquí?
    -No eres más que un mal recuerdo Adriabeth.
    -No me hagas reír. Tú y tus estúpidos compañeros florecisteis bajo mi reinado. En mi reino, la magia y las ciencias que derivaban de ella alcanzaron las cotas de perfección más altas que se han visto nunca.
    -Y fue bajo tu reinado cuando lo borraste todo de un plumazo por culpa de tus ansias de poder.

    La temperatura de la tienda subió tan aceleradamente que pareció como si estuviera incendiándose, haciendo crepitar la madera y el vidrio de los cristales como si estuvieran a punto de estallar. La bruja agarró de la muñeca al alquimista y lo levantó como si el corpulento hombre no pesase más que uno de los saquitos de hierbas que empezaban a humear en los anaqueles debido al calor.

    -Vran, Vran...-la voz de la mujer empezó a cambiar sutilmente, como si burdos ecos en su garganta repitiesen sus palabras creando un efecto enervante-. ¿Qué voy a hacer contigo? Fuiste uno de los mejores en Carnadine, uno de mis súbditos. Me debes lealtad.
    -Ya no eres mi reina. No desde que arrasaste todo lo que quería. Desde que enviaste al infierno a todo un reino solo para complacer tu sed de poder.
    -¡Yo he triunfado estúpido!-Endbringer lanzó al alquimista por los aires con un suave movimiento de su muñeca-. Donde vosotros, tristes mojigatos, vacilasteis en seguir el camino del progreso y os encerrasteis en burdas tradiciones y límites morales, yo abrí las puertas de un nuevo poder. ¡Ahora, estúpido mortal, tú debes seguir preocupándote por alargar tu vida mientras que yo soy eternamente joven!

    Vran intentó incorporarse tosiendo debido al golpe mientras se palpaba las costillas. La cabeza le daba vueltas debido al asfixiante calor que emanaba la bruja y la falta de oxígeno comenzaba a hacerle perder el sentido. Miró a su alrededor buscando algo con qué defenderse cuando la puerta de su vivienda se abrió de par en par y su aterrorizada doncella miraba la escena con la boca abierta. Intentó gritarle que se fuera, pero la reina fue más rápida. Una llamarada púrpura surgió de sus dedos, borrando el umbral de la puerta donde se encontraba la muchacha. Tras caer al suelo el cadáver carbonizado de la joven Anna, toda la tienda pareció estallar en llamas. Entonces la oscuridad se cernió sobre él arrebatándole la conciencia.

    Cuando volvió a abrir los ojos, la vio acercarse entre las brumas del dolor que empañaban sus ojos. Toda la vivienda estaba en llamas mientras ella le agarró y lo volvió a levantar arrastrándole tras de sí. Fuera, un inmenso carruaje negro aguardaba tirado por dos caballos como jamás hubiera visto el alquimista. Un breve destello de lucidez recordó a Hunkin que la Reina no podía tener cerca ningún animal que no intentase atacarla. Al fijarse detenidamente mientras le hacían subir al carruaje en los animales y en el propio séquito de la bruja, comprendió el motivo de que no parecieran inmutarse ante la presencia de esta. No eran de este mundo.

    Mientras el carruaje se alejaba pesadamente por la calle, toda la vivienda se desmoronaba presa de las llamas al tiempo que tres siluetas se aproximaban por el otro extremo.


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     Asunto: Re: El retorno de la Bruja II: La Maldición de la Amargura
    NotaPublicado: Mar Ago 24, 2010 10:22 am 
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    Registrado: Vie Ago 15, 2008 11:17 pm
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    Bartak era el jefe de la guardia de la ciudad. No capitán, o mayor, o algún otro título militar ridículo que solían ponerse los oficiales de otras zonas. Era simplemente El Jefe, y eso le gustaba.

    Contrariamente a lo que cabría esperar, El Jefe era un tipo hosco y con mal aspecto, más dado a la bebida y la bronca que al deber y a la honradez. Lucía una cicatriz horrible que le cruzaba la cara con orgullo, y el parche que llevaba en el ojo daba a entender que no había nada útil debajo.
    Curioso era el hecho de que la mayor parte de las peleas las solía tener con su mujer cuando se iba de fulanas, y medio en broma medio en serio sus hombres decían que sus cicatrices eran la consecuencia de su matrimonio casi a la fuerza. Se había casado con la hija de un comerciante por puro interés, terminando su "amor" por ella en cuanto se había convertido en jefe de la guardia.

    El Jefe era temido y nada respetado, y representaba el máximo exponente tanto de borracho de taberna como de brutalidad policial indiscriminada. Se encontraba arreglando unos asuntos (lo que él llamaba arreglar asuntos consistía en emborracharse a puerta cerrada en horas de servicio, pero nadie tenía agallas para decirle nada), cuando uno de sus hombres apareció por la puerta. Dirigía habitualmente una patrulla de cinco regulares por la ciudad, y en su ronda de hoy habían registrado un incendio aislado. La botella de cristal le pasó a escasos diez centímetros de la cabeza, estallando contra la pared.

    -¡Joder, he dicho que nadie me interrumpa mientras arreglo estos asuntos!
    -Lo siento Jefe -contestó el soldado de la patrulla-. Es que ha habido un incendio.
    -¿Arde acaso la ciudad por los cuatro costados?
    -No, eso es lo raro... solamente ardió la casa del alquimista, a pesar de que está... estaba llena de productos alquímicos.
    -¿Entonces por qué cojones me molestas?
    -Atrapamos a dos forasteros al lado de la entrada, miroteando entre las cenizas.
    -Mierda, vale. Patea sus culos hasta aquí.

    A una seña del soldado, su patrulla hizo entrar a dos hombres a la sala. No lo hizo con excesiva brutalidad, aunque se aseguró de que dejaban todas las armas en la sala contigua. Uno de ellos llevaba una armadura roja y un sombrero ridículo de ala ancha sujeto con un pañuelo a la barbilla, mientras que el otro llevaba el uniforme (que Bartak reconoció) de la Guardia Roja.

    -¿Y quién se supone que sois, tipos colorados?
    -Mi nombre es Tahjei, y me acompaña Rhineharth -contestó el que llevaba sombrero -. Somos extranjeros.
    -No jodas, detective -contestó El Jefe-. Nunca lo hubiera adivinado. Te queda lejos la casa, Guardia Rojo.
    -Estoy de vacaciones durante una temporada.
    -¿Habéis venido a hacer turismo, acaso? Que gilipollez, aquí no hay nada que ver.
    -Aquí vivía un alquimismta -dijo Tahjei, serio bajo el ala de su sombrero, que le tapaba los ojos-. Vinimos a buscarle para buscar un remedio encantado, pero creo que llegamos tarde.
    -Según los testigos -apuntilló el soldado-. Esta gente llegó poco después del incendio. Venían con una mujer, pero se esfumó.
    -¿Entonces para qué coño me has traido a estos dos, imbécil? -Dijo El Jefe poniéndose en pie-. ¡¿Eres tonto, o qué?! Los de fuera traen pasta a la ciudad, ¿y tú vas y los detienes cuando no han tenido que ver? Antes de que te ahorque con tus propios intestinos, ¿Qué vieron esos testigos?
    -Pues... -dijo el guardia, tragando saliva-. Que una mujer con carruaje se lo llevó. Las viejas que lo vieron sostienen que era una bruja malvada y poderosa.
    -Ya. Anda, suelta a estos dos, y buscame a esa zorra. Como no la tengas en ropa interior y bajo mi escritorio en cuestión de tres o cuatro días, date por jodido. Te tiraré atado de pies y manos a la celda de los violadores. Créeme que para esos bastardos que llevan encerrados años, serás bastante apetecible.
    -¡A la orden!
    -Ala, ¡Fuera de mi despacho!

    Tardaron un par de minutos en ser liberados. Dos calles más abajo del cuartel, Nahina los llamó desde un callejón oscuro. La mujer esperaba cruzada de brazos, descontenta por que le hubieran dicho que huyera cuando la guardia se les había echado encima.
    No estaba solamente enfadada por el hecho de que el alquimista no estuviera donde debía estar, sino también por la condescendiente caballerosidad del Ronin. Se plantó con los brazos en jarras ante él.

    -¿Por qué habéis tardado tanto?
    -Hemos aprovechado para investigar. El soldado quería meternos entre rejas, pero el capitán es un viejo conocido. Sin duda nos hubiéramos escapado con tres patadas, pero nos ha soltado por las buenas. Por llamarlo de alguna manera.
    -¿Conocías a ese sonado? -Se sorprendió Edwin -. No pareció saber quién eras.
    -Estaba borracho, cosa habitual en él y que agradezco. Cree que me mató, y no me ha reconocido.
    -¿Qué relación tenías con él? -Preguntó Edwin.
    -Intentó abusar de una mujer que me había contratado para protegerla, y lo impedí. Ella huyó sin pagarme, y él me pegó una paliza bastante memorable. Ahora bien, YO le hice esa cicatriz de la cara.
    -Auch. Buen golpe.
    -Si, lo fue. Nahina, te pedí que te quedaras atrás porque hubieras tenido que matarle.
    -¿Por algo en especial?
    -Hubiera intentado propasarse -sonrió Tahjei.


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     Asunto: Re: El retorno de la Bruja II: La Maldición de la Amargura
    NotaPublicado: Mié Sep 01, 2010 12:29 am 
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    -¿Y ahora qué hacemos?-Nahina estaba tan furiosa que sus ojos habían vuelto a ser blancos como cuando era un espíritu sin voluntad.
    -Bueno, sabemos que se lo han llevado- Erwin titubeó al ver la ira de la mujer aunque el ronin pareció hacer caso omiso y se apoyó en una de las paredes del callejón-. Y según dijo el guardia, era una mujer con un carruaje y... bueno.
    -¿Bueno? ¿Cómo que bueno? ¿Qué ocurre?
    -Ojos de Tinta, tenemos razones para creer que Ella le ha raptado-Tahjei se revolvió incómodo en su posición-.
    -¿Shauku?
    -En efecto.
    -¿Pero como demonios pudo sobrevivir al ataque del druida?-la ira de la mujer sombría comenzó a ir en aumento de forma que las escasas partes oscuras de su piel que se veían bajo los ropajes con los que se cubría comenzaron a bullir y borbotear por la superficie negra- ¿Es que estoy rodeada de ineptos que no desean que pueda llevar una vida normal?
    -Vamos nena, no te dejes hundir en las sombras otra vez. Estabas aprendiendo a controlarlo perfectamente, el otro día fuí capaz de ver tu cara cuando te reías por el chiste tan malo que soltó Erwin. No te preocupes, nosotros investigaremos donde se encuentra y le rescataremos.

    Nahina cogió a ambos compañeros del cuello de sus respectivas camisas y los estrello contra la pared mientras acercaba su rostro ahora descubierto y terrible hacia ellos.

    -Estais muy equivocados si pensáis que voy a dejaros marchar sin mí. Ese tipo es la única oportunidad que tengo de curarme, así que no voy a dejar que esa loca le haga nada antes de que yo le ponga las manos encima.
    -¿No lo entiendes?- Tahjei carraspeó por la falta de aire y la presión que el puño de su amante ejercía en la tráquea-. No puedes pasar desapercibida si vas por ahí como un jirón de sombras vengativo que no deja de golpear a la gente para sacarles información.
    -Tienes razón... Solo es que, estoy desesperada- dejó caer a ambos compañeros al suelo, bajando los brazos derrotada-. Después de tanto tiempo por fin veía un rayo de esperanza y ahora no veo nada.
    -No pasa nada- Erwin se levantó del suelo y se atrevió a palmear el hombro de la mujer de forma conciliadora-. Encontraremos a Hunkin y le haremos preparar tu remedio antes de que Ella se dé cuenta de que ha pasado.


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     Asunto: Re: El retorno de la Bruja II: La Maldición de la Amargura
    NotaPublicado: Dom Sep 05, 2010 12:01 pm 
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    Cuando Vran despertó, le dolía la cabeza. Quizá fuera algún golpe, o quizá la inhalación de humo le había dejado fuera de combate.
    Lo primero que recordó fue su pobre doncella desapareciendo en un mar de llamas, una de las más dolorsas muertes de la naturaleza.

    Se entristeció, aún sin abrir los ojos para volver al mundo. Estaba consciente, si, pero prefería no abrirlos para tener un momento para si mismo.

    Había cuidado de él un par de años, y era una joven hermosa y con futuro. Ahora era un montón de cenizas sin él, y todo por culpa de Ella.

    Ahora si que abrió los ojos, solamente para descubrir que estaba tirado en el asiento de un coche, en Su presencia. Se sentó lentamente con las manos atadas, y descubrió que el siniestro carruaje de ¿caballos? no se movía al avanzar. Ni traqueteaba ni se balanceaba. Era tan antinatural como todo lo que la rodeaba.

    Sin duda, no serían caballos lo que realmente tiraban de aquella abominación, o hubieran intentado matarla. En realidad, le hubiera gustado desaparecer de aquel cómodo sillon de carruaje y aparecer en cualquier otro lugar del mundo. Ni siquiera era cómoda su comodidad.

    -Veo que has despertado, Vran -dijo Ella-. Ya era hora. ¿Qué tal el viaje al reino de las pesadillas?
    -No sé que querrás de mi.
    -Como ya te dije, fuiste uno de los mejores de mi reino. Busco de tí exactamente lo mismo que buscaba entonces. Supongo que con el tiempo habrás mejorado.
    -Ahora ya no te sirvo.
    -¿Ah no?

    Ella estiró una mano hacia él, pero lo que se apretó alrededor del cuello de Vran fue la tenaza de algo parecido a un cangrejo gigante. Notó como le arañaba la piel y empezaba a sangrar.

    -No -repitió obstinadamente-. Ni siquiera tenías por qué matarla.
    -Ah, ya veo. Tienes conciencia. Vamos a poner un objetivo y un incentivo -sonrió maléficamente-. Objetivo, la naturaleza me tolerará como a todo ser normal, sin perder nada de lo que ahora poseo. Incentivo. Por cada día que tardes mataré un inocente. Cuando pasen dos semanas, serán dos. A las tres, serán tres. Y así sucesivamente hasta que el número de inocentes muertos por tu culpa sea tan alto que tu conciencia no pueda más.
    -Los matarías de todos modos.
    -Quizás, pero en vez de una muerte piadosa como la de tu doncella, será lenta y dolorosa. Y será en tu presencia, tras decirle al inocente que es por que TÚ no colaboras.
    -No te saldrás con la tuya. Ya sabes que no solamente sobreviví yo.
    -Pero pregúntate, lacayo mío... ¿Cuántos supervivientes están ya de mi parte?

    Vran se puso pálido.


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     Asunto: Re: El retorno de la Bruja II: La Maldición de la Amargura
    NotaPublicado: Dom Sep 05, 2010 7:59 pm 
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    Registrado: Mar Ago 26, 2008 8:37 am
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    Ubicación: El fuego eterno
    Shauku soltó el cuello de Hunkin y volvió a recostarse en su asiento del carruaje escudriñando a través del lóbrego espacio la pálida cara del alquimista. A continuación, levantó levemente la cortinilla de la ventana, mirando hacia afuera. Algo que debió ver la complació enormemente, por lo que las comisuras de sus labios se alzaron formando una sonrisa depredadora, carente de sentimientos. A Hunkin le recordó la vez que siendo joven, había visto un tiburón en uno de los grandes acuarios del antiguo palacio de Ella.

    -¿Quienes sobrevivieron a aquello?
    -¿Mmm?- Endbringer pareció remolonear con su respuesta, sin dejar de mirar hacia el exterior del carruaje.
    -Me has oído perfectamente. Quiero saber quien sigue vivo después de... eso.
    -Oh, en realidad os siento a todos. Por mucho que os escondáis y os camufléis entre los mortales, sé exactamente donde encontraros. Seguís tan ligados a mí y a Carnadine como el primer día.
    -Todos excepto Él.

    Una mueca furiosa crispó los labios de la bruja, que dejó caer la pesada cortinilla y fijó sus ojos de nuevo en Vran Hunkin.

    -Efectivamente. El druida fue el único que se rebeló contra mí y a quien todos vosotros seguisteis para huir como ratas cobardes del reino.
    -Fue el único que supo ver detrás de tus falsas promesas y tu encanto. Gracias a él salvamos la vida y no nos vimos arrastrados en ese genocidio.
    -Es inútil hablar contigo, idiota. No importa. Empieza a pensar en mi encargo, estamos llegando a nuestro destino y en cuanto toques el suelo con los pies, la cuenta atrás de mi... incentivo, comenzará a sonar.

    Shauku cerró los ojos, cuyos párpados cayeron a plomo como si fueran dos losas de piedra. Frente a ella, el alquimista se mordió el labio, como si algo estuviera a punto de salir de ella. Finalmente tras casi dos horas de camino a donde quiera que fuesen, aún sabiendo que no le iba a gustar lo que iba a escuchar, lo dijo.

    -Adriabeth... ¿por qué lo hiciste?
    -¿El qué?- Entreabrió un ojo fijándolo en Hunkin-.
    -Ya lo sabes. Carnadine.
    -¿Tienes idea acaso de qué les ocurre a aquellos que preguntan demasiado?
    -No, ¿qué les ocurre?
    -Pues... que les contestan. Lo que no les está nada mal.
    -Adriabeth...
    -La alquimia requiere lógica Hunkin, utilízala.

    La verdad golpeó a Hunkin como un mazazo cuando comprendió de golpe. Intentó abalanzarse sobre la bruja maniatado como estaba rugiendo como un poseso, aunque está lo envió de vuelta a su asiento con una ágil patada sin siquiera levantarse del suyo.

    -¡Maldita demente! ¡No lo hacías por la Orden del Nuevo Amanecer ni por el Durmiente! ¡Era por tu propio interés!
    -Por supuesto, mi querido Vran. La Orden fue solo el vehículo al poder. Mis compañeros hicieron grandes avances en ese campo en concreto. De hecho, no te lo creerías nunca: me encontré con una de las afectadas por la Maldición de la Amargura en mi despertar- rió de forma cantarina, aunque con una inflexión tan cruel que el alquimista cesó sus movimientos-. Después de nuestra primera parada, viajaremos al Valle del Moth y me apoderaré de lo que quede de aquellas investigaciones. Entonces, el camino de mi meta estará completamente libre. Y esta vez, ni siquiera una rebelión de hechiceros y científicos podréis detenerme.
    -No te lo...

    Shauku chasqueó los dedos, provocando que sombras sólidas amordazasen al alquimista y lo mantuviesen sujeto al asiento del carruaje, en tanto ella sacaba un pequeño espejo de sus ropas, como los que las damas de alta alcurnia utilizaban para maquillarse en fiestas de sociedad. La superficie de este comenzó a brillar tenuemente.

    -Bienvenido de nuevo a mi era Vran- le dedicó una sonrisa encantadora en tanto que volvía a enfocar su atención en el espejo-. ¡Ah, mi leal siervo! Abre ya las puertas de Bargate, estamos llegando.


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     Asunto: Re: El retorno de la Bruja II: La Maldición de la Amargura
    NotaPublicado: Vie Sep 17, 2010 11:22 am 
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    Registrado: Vie Ago 15, 2008 11:17 pm
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    Cuando el Jefe se despertó, estaba en su casa con una resaca increíble. Había bebido más de la cuenta y era posible que hubiera vuelto tambaleándose desde el trabajado delante de todos sus subordinados.

    Poco le importaba, dado que nadie tenía las agallas para decirle nada, y mucho menos para echárselo en cara. Naturalmente que había un responsable ante el que tendría que dar cuenta por tales cosas, pero el último que había intentado buscarle un problema ahora tenía tres dedos y una lengua menos.

    Se rió ferozmente al recordar a Jaor "el mudo". A día de hoy solamente subía cosas del almacén, porque tenía demasiado miedo de él como para poder mandarlo por ahí y que tuviera que informar de algo. Además, sin lengua y con siete dedos, ni siquiera hubiera podido hacerlo bien por señas.

    Paseó desnudo por el pasillo de la casa que había entre la cocina y su única habitación. En un rato tendría que salir a la letrina, pero antes comería...

    Se detuvo. Su pie derecho había crujido como si pisara algo, y pronto se percató de que había un papel ante la puerta. Parecía que lo hubieran deslizado por debajo.

    Se preguntó si no habría dormido con una fulana y aquello era un recordatorio de pago para no despertarle. Pudo recordar vagamente también que no le sentó demasiado bien en el pasado que una de ellas lo despertara en plena borrachera.

    Abrió el sobre, y el contenido lo despertó como un jarro de agua fría. Hablaba sobre el caso de la mujer misteriosa que había pegado fuego a la tienda del maldito alquimista, advirtiendo de ella que era muy peligrosa y que sería necesario contratar grandes héroes para enfrentarsele.

    ¿Héroes? Bartak sencillamente se tronchó de la risa antes de terminar de leer. Aquello lo había escrito un loco. No es que fuera su afición favorita, pero la mención de que era una bruja poderosísima que había debajo, le hizo reflexionar y agotó el buen humor.

    Qué tontería, si fuera una bruja... ¿A quién iba a...?

    Recordó la visita de dos tipos que habían pescado en la escena del crimen, y a los que había soltado confundiéndolos con turistas. Se pasó la mano por la cicatriz del ojo, y nuevamente recordó algo.

    No era casualidad, ni de broma. Y aunque sus entrañas rugieron con el fuego de la venganza, se preguntó si aquel anónimo no tendría razón. ¿Y si la tia esa era una bruja realmente? Era una casa incendiada de forma rara y de un alquimista.

    Necesitaba poner las ideas en claro, tramar un plan. Tahjei le había mutilado en una de las mejores peleas que había tenido, y sin duda sabía algo, o de lo contrario no hubiera apararecido en el sitio justo, un poco más tarde de lo adecuado.

    El cerebro de Bartak comenzó a trabajar. Era un tipo listo, y aunque su materia gris solía estar sumergida en alcohol, eso no impedía que pudiera ser inteligente como una serpiente.

    Tenía un alquimista desaparecido del que no había encontrado cadáver, una mujer a la que se atribuían poderes mágicos y había incendiado una casa y un espadachín legendario al que odiaba a muerte.

    El Ronin era muy bueno en su trabajo (Joder, podía dar fe de ello desde que no veía en tres dimensiones), y el que lo acompañaba debía andar por su nivel para que tolerase su compañía.
    ¿Estaría persiguiendo a la mujer?

    Ordenando las prioridades, debía encontrar a la mujer, encontrar al ronin, averiguar los planes de ambos y si sobraba tiempo rescatar al alquimista.

    Releyó la carta. Le llamó la atención, mientras salía ya con su traje de guardia armadura incluída, el detalle de que no ponía "una bruja" como había leído. Ponía "LA" bruja.

    La caligrafía era elaborada y no obra de un imbécil, pues tampoco tenía faltas de ortografía y podía leerlo bien. Alguien, un espía, le estaba advirtiendo contra la mujer.

    Mientras se preguntaba que podía significar aquello, se acordó de que su cuerpo le pedía pasar por la letrina, ahora llevando armadura.

    Mierda.


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     Asunto: Re: El retorno de la Bruja II: La Maldición de la Amargura
    NotaPublicado: Sab Sep 18, 2010 1:53 pm 
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    Nahina estaba tumbada boca arriba en la cama de una posada en la que habían alquilado una modesta habitación para utilizarla como base para sus pesquisas. Era de día, así que Tahjei y Erwin preferían que ella permaneciese allí para que sus rasgos no llamasen la atención. Valientes idiotas. Estaba segura que cogiendo a dos o tres del cuello y demostrándoles lo cerca que iban a estar de morir, iba a ser mucho más rápido para sonsacar información que las burdas investigaciones de ese par.

    Se removió inquieta con una extraña sensación como si miles de mariposas se hubieran ido a alojar precisamente en su pecho. Intentó calmar los nervios, inhalando y exhalando grandes bocanadas de aire. Entonces recordó que ni siquiera necesitaba respirar. Con una mueca cínica en el rostro, se levantó de la cama y comenzó a dar vueltas por la habitación, conteniendo las ganas de golpear algo. En ese instante, un pensamiento le asaltó la mente, algo tan nimio e insustancial que se echó a reir en ese preciso instante: no habia tomado un buen baño desde antes de morir en el Valle del Moth. A carcajadas, se dirigió hacia la habitación anexa, donde se encontraba una tina de madera con capacidad suficiente para varias personas.




    -Hacia mucho que no te veía así- Tahjei chapoteó levemente en el agua de la rústica bañera de la posada, con la voz apenas contenida de emoción.
    -Créeme, no tenías tantas ganas como yo misma.

    El ronin sonrió con los ojos brillantes. Ante él, una joven de atractivos ojos oscuros correspondia a su gesto con una encantadora risa desde el interior del agua de la que surgían nubes de vapor aromatizado por hierbas. A pesar de todo el tiempo en el que ambos habían caminado por un amargo sendero de espinas, parecía que por fin se les daba algo de respiro.

    -No sé que decir nena.
    -No digas nada. Vamos a simplemente disfrutar de este momento- Ojos de Tinta sacó uno de sus brazos del agua y tomó la mejilla de Tahjei acercando el rostro del ronin hasta que estuvo a su alcance para darle un tierno beso-.
    -¿Entonces estás curada?- Tahjei pareció reacio a dejarse llevar, como si temiera perder de nuevo a la mujer-.
    -No. Siento ese veneno negro por mi interior todavía. Pero quien sabe, igual ya he aprendido a controlarlo.
    -Quien sabe- Tahjei se inclinó sobre ella de nuevo juntando los labios de ambos otra vez-.




    Erwin sonrió en la penumbra de la habitación mientras afinaba el oído para escuchar la conversación de la pareja al otro lado de la pared. Después, sigilosamente, salió de la habitación y se dirigió hacia la calle. Se merecían algo de intimidad y aún habían cosas que indagar acerca del paradero del alquimista y de la bruja. Aunque, recordó para sus adentros con una nueva sonrisa mientras se adentraba en las callejuelas próximas, menudo susto se habían dado los dos compañeros al entrar en la habitación y ver a una chica joven metida en su bañera. Sólo la exclamación ahogada del ronin le había puesto sobre aviso de quien era.

    Normal que Tahjei todavía la amase. Era una preciosidad, pensó para sus adentros mientras entraba en la taberna más próxima.


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     Asunto: Re: El retorno de la Bruja II: La Maldición de la Amargura
    NotaPublicado: Mié Sep 22, 2010 11:04 am 
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    Registrado: Vie Ago 15, 2008 11:17 pm
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    Ubicación: Sede de los Paladines de Varine, Inmerion
    Edwin resopló al oler el hedor de la taberna. A pesar de la hora temprana, el local estaba ya repleto de gente que reía y bebía por todas partes. Se oían pequeñas peleas e incluso trueques, mujeres que aceptaban o rechazaban propuestas y amigos reencontrarse o pelearse tras mucho tiempo.

    El suelo estaba cubierto de un barrillo de color indefinible, clásico en los lugares en los que se han mezclado varios tipos de alcohol derramado con suciedad y polvo del exterior y algún otro tipo de sustancia que por lo general es mejor no conocer.

    Se sentó en una mesa apartada y le pidió a la malhumorada y desdentada camarera una bebida para apagar la sed. Remarcó que no llevara demasiado alcohol, ya que había venido tanto a pasar el rato como a investigar.

    Rhinehart estaba preocupado ahora. Aunque haber dejado a sus amigos solos había sido un momento de alegría para él, aún le preocupaba el hecho de que Shauku estuviera suelta por el mundo. Le había caído un rayo, y ella seguía tan campante haciendo el mal por ahí.

    Durante un momento se sintió desesperado, deseando que aquel misterioso druida apareciera de súbito a su lado y...

    -Buenos días.

    Se sobresaltó. Como cumpliendo su deseo, una anciana se había materializado a su derecha, ocupando la silla que había libre a su lado. Era baja un muy vieja, desdentada por los años y de cabellos blancos. Cubría la incipiente carencia de pelo con un pañuelo atado en la nuca, y tenía unas manos arrugadas y temblorosas con largas uñas.

    La camarera apareció con su bebida, y cogiendo el dinero de la mesa sin decir nada, torció la cara en una mueca de asco antes de dejar la jarra y desaparecer entre la gente que iba y venía entre las mesas.

    -No imaginé que alguien tan joven y guapo pudiera ser mudo -Volvió a decir la mujer con voz cascada-. ¿No alegrarás los oídos a una anciana, Edwin?
    -¿Cómo sabes mi nombre? -reaccionó él, al fin.
    -¿Qué clase de adivina sería si no lo supiera?
    -¿Advina? ¿Cómo...?
    -¿...sé que necesitas una adivina? Puedo repetir mi pregunta anterior, pero resulta evidente. Antes de que lo digas, la adivinación existe, y funciona. Después de todo, no deja de ser magia, ¿sabes?

    Rhinehart estaba alucinado. Pegó un sorbo a la bebida y la escupió de inmediato. Aquello parecía alcohol de quemar, y le escocieron los labios tan pronto como la bebida los rozó. Apartó la jarra con mueca de disgusto, y la anciana le echó mano de inmediato para darle un largo trago.

    -Puedo ayudarte -dijo sin inmutarse por aquella sustancia que debía estarle agujereando las entrañas-. Verás, sé lo de Ella.
    -Baje la voz -la apremió Edwin-. ¿Estás segura? ¿Qué es lo que sabes?
    -Bueno, estoy bastante segura de haber estado allí -el tono de esa palabra le dió escalofríos-. Y de poder contarte unas cuantas cosas que te serán de ayuda.
    -¿Cuál es el precio?
    -La muerte -sonrió ella, ante su nueva cara de sorpresa-. La de Ella, claro. Prométeme que intentaréis matarla. Con algo mejor que un rayo, si es posible.
    -Lo intentaré con todas mis fuerzas, igual que mis amigos.
    -Tus amigos. ¡Ay! pobres de ellos.
    -¿Perdón?
    -Pobre del hombre que ame a una mujer como Nahina, y pobre de Nahina por la carga que lleva en su interior. La Maldición.
    -No entiendo.
    -No hace falta que entiendas, de momento. Corre a buscar a tu amigo el Ronin, e intenta que no se ahogue. No te preocupes, ella no ha intentado matarlo. Voluntariamente, al menos.

    Edwin se puso pálido, y levantándose con tanta fuerza que casi tira la mesa, echó a correr hacia el lugar donde estaban alojados.






    Cuando Tahjei recuperó la consciencia, Rhinehart le apretaba el pecho con fuerza y tosía agua. Pronto se dio cuenta de lo mucho que le dolían los hombros y el cuello, y vagamente recordó...

    ¿Qué carajo había pasado?

    Nahina estaba fantástica, y la situación entre ambos era inmejorable. De repente ella se le había echado encima, cosa que no le había extrañado, pero había acabado inconsciente bajo el agua.

    Su amigo le ayudó a tumbarse en la cama, y lo cubrió con una manta para que entrara en calor. Estaba helado.

    -¿Dónde está ella?
    -No tengo ni la más remota idea. ¿Qué ha pasado?
    -Odio repetir tus frases.
    -Vale. Por un momento pensé que te había perdido. No reaccionabas.
    -No entiendo cómo volviste justo a tiempo pero... gracias.
    -Tenemos que ir a hablar con una anciana que hay en la taberna. Ella me ha dicho que estabas en peligro. ¿Cómo iba yo a imaginarlo?
    -Toma nota. La próxima vez, puedes mirar.

    Tahjei se pasó las manos por las sienes. Se le empezaba a amoratar el cuello y le dolía la cabeza.


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     Asunto: Re: El retorno de la Bruja II: La Maldición de la Amargura
    NotaPublicado: Mar Sep 28, 2010 8:47 pm 
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    Registrado: Mar Ago 26, 2008 8:37 am
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    Ubicación: El fuego eterno
    Tras una carrera que parecía eterna, Nahina cayó derrumbada de cansancio contra una pared en un estrecho callejón que serpenteaba junto a un conducto de agua por debajo de una transitada avenida. Su corazón palpitaba con fuerza, su cabeza estaba nublada por el aluvión de pensamientos que le venían a ella. Pero por debajo de todo, omnipresente como el mismo aire que otra vez podía respirar desde el cambio de forma, sentía la divertida presencia del negro veneno que corroía sus entrañas, agitándose como un mar embravecido.

    Lágrimas amargas comenzaron a caer de sus ojos, mientras resbalaba su espalda por la pared hasta quedar en cuclillas en el suelo, abrazándose a sí misma. Había intentado asesinar a su amor cuando más vulnerables se encontraban ambos, con la esperanza en los corazones de los dos amantes, creyendo que por fín habían vencido a la Maldición. Pero obviamente nada era tan fácil, esta era tan tortuosa que prefería jugar con sus sentimientos en vez de matarles de una vez por todas. Un nuevo torrente de lágrimas volvió a manar de sus ojos presa de la desesperación mientras tanteaba su cinto, desenvainando una pequeña daga, que era lo único que había podido recoger en su huida aterrorizada de la posada, dejando al ronin medio asfixiado e inconsciente. La fría hoja de metal estaba tan pulida que incluso podía ver su reflejo distorsionado en la superficie en la lejana luz de la avenida. Dirigió la punta de la daga hacia su corazón y...

    -¿Por qué lloras, pequeña?-una voz suave y cascada al mismo tiempo la interrumpió, haciéndola alzar su cabeza mirando a la figura que había pronunciado las palabras.

    El recién llegado era una hombre de pequeña estatura, vestido de forma estrafalaria con grandes cadenas y amuletos colgados que tintineaban como si fueran cascabeles. Avanzó hacia ella contoneándo su inmensa tripa de forma exagerada y se sentó a su lado sin siquiera mirar la daga que Nahina sujetaba aún en su temblorosa mano, como si el hecho de que una desconocida con un arma afilada y dispuesta a utilizarla estuviera su lado fuera un asunto que no iba con él.

    -Aléjate. No quiero tener que hacerte daño.
    -¿Como va a hacerme daño una chica tan guapa?- el hombrecillo sacó de uno de los muchos saquillos una pipa que comenzó a rellenar con tabaco aromático salido de otro de sus bolsillos.
    -Pues.. no lo sé. Pero podría hacerlo. He estado a punto de matar al hombre que amo, ¿por qué iba a ser diferente contigo?
    -Ah. Eso- el pequeño hombre inhaló una bocanada de humo que luego expulsó con fuerza, dando la impresión de ser la llamarada de un dragón enano-. Pues verás, no me harás nada por que lo que te afecta simplemente se limita a hacer daño a tus seres queridos para hundirte en un pozo de pena y odio del que no puedas salir nunca más. Por eso se le llama Maldición de la Amargura, ¿sabes?
    -¿Como sabes tú lo que me pasa?
    -Bueno. Ya tendrías que estar acostumbrada. Este continente está lleno de nosotros.
    -Si. No se por qué, pero no dejais de meteros en nuestras vidas.
    -Lo siento mucho, pero la causa está por encima de los sufrimientos personales de cada uno. No querrías saber las cosas que hemos tenido que hacer para alargar nuestras vidas- el jovial semblante del hombrecillo se ensombreció como asaltado por fantasmas propios ocultos en los rincones de su memoria-. Pero como te iba diciendo, a veces hay que sacrificarse por un bien mayor.
    -¡Pero yo no quiero esto! Nosotros solo queriamos poder establecernos en un sitio, vivir y morir como cientos y miles de personas comunes.
    -Lo sé querida, pero no era tu decisión. El destino te ha conducido en esta senda. Aunque miralo por este lado. Está en tus manos el elegir si lucharás contra el obstáculo que se te ha puesto delante o, por el contrario, te dejarás vencer y te convertirás en el obstáculo de alguien que si esté luchando.
    -Yo... no sé que quiero.
    -Bueno, tengo un incentivo. Porque verás, la Maldición de la Amargura...






    -...tiene cura- la anciana adivina de la taberna bebió un sorbo de aquel licor ardiente que debía ser más útil para pulir el metal que como bebida sin siquiera torcer el gesto.
    -¿Como?- Erwin y un todavía mareado Tahjei abrieron los ojos como platos mientras preguntaban al unísono con los vasos humeantes del licor delante de ellos sin atreverse a tocarlos-.

    Ambos se habían dirigido a la maloliente taberna tras unos instantes de intentar recuperar al ronin de las garras de la muerte. Al llegar, la anciana estaba esperándoles en una mesa con las tres bebidas ya dispuestas y el malcarado tabernero, que les esperaba para que ellos pagasen las consumiciones ya que la adivina negaba tener ningún dinero para poder correr con la cuenta.

    -Pues eso pequeños. Que tiene cura. En realidad dos. Pero una de ellas no pienso ni mencionarla porque simplemente la chica va a negarse rotundamente a someterse a ella.
    -¿Y cual va a querer aceptar?
    -La cura de Hunkin. No es definitiva, pero ayuda a mantenerla a raya indefinidamente. Es algo así como una medicina que hay que tomar cada poco tiempo. Eso y reposo en definitiva.
    -¿Y funciona?- Tahjei carraspeó al hablar con la voz estrangulada por los recientes acontecimientos.
    -Cuando nos enfrentamos a ella la última vez, muchos de los nuestros cayeron bajo su influencia, por lo que Hunkin cumplió un papel esencial para contenerles y que pudieran ayudarnos. Así que... sí. Realmente funciona.
    -¿De donde vino semejante cosa?
    -Bueno, es una larga historia- la vieja apuró su vaso cuyo interior humeaba incluso sin líquido dentro y chasqueó los labios satisfecha, entonces le hizo un gesto al tabernero para que le sirviera otra-. Todo empezó... Bueno, así no, que parece un cuento y esto es muy real. Mejor dicho. La Reina no fué el verdadero origen de todo. Vereís. Hace muchísimos años, tantos que yo ni siquiera había nacido- soltó una risita cascada-, un mal terrible asoló el mundo. Un monstruo oscuro, venido del infierno más profundo, se hizo con el poder de todo y todos. Un verdadero Señor Oscuro que aplastó toda luz de esperanza bajo su mano de hierro y fuego. Muchos mortales aprendieron a adorarle. Cayeron víctimas de su propia desesperación y crearon malignos cultos que buscaban aumentar el ya casi divino poder de esa bestia a base de satisfacer sus propios apetitos- bebió un largo trago del vaso que acababan de dejar frente a ella, torciendo el gesto, ahora sí, al sentir el abrasivo líquido al bajar por su garganta-. Pero todos sus esfuerzos fueron en vano, ya que fué derrotado de alguna forma que no sé, y desde entonces fué conocido como el Durmiente, ya que su cuerpo no abandonó este mundo, sino que cayó en algún sitio desconocido y allí se quedó por los siglos de los siglos.
    -Eso me suena. Alexander Uth Umbros mencionó antes de morir algo de un Dios Durmiente y una Orden que iba a liderar Shauku cuando volviera a renacer- Erwin miró a Tahjei mientras hablaba-.
    -Exactamente mocetón. La Orden del Nuevo Amanecer. Fué el culto más terrible de todos ya que todos ellos buscaban cumplir sus ambiciones personales, pero la Orden estaba completamente consagrada al Dios Durmiente. Eran sus sacerdotes, sus consejeros y sus más devotos seguidores.
    -¿Que tienen que ver un culto olvidado y Shauku?
    -Todo. La Orden ha seguido activa hasta nuestros días, aunque solo en forma de cultistas aislados, como el tal Alexander, que apenas tenían poder y mucho menos intención alguna de volver a someterse a una voluntad más fuerte que las suyas. Pero con Ella era diferente. Tras la derrota del Oscuro, Adriabeth, como se llamaba en realidad la Reina, fingió haberse reformado y olvidado de cualquier devoción por el mal. Y entonces llegó a Carnadine. Ah...-suspiró largamente antes de volver a beber de su vaso-. Tendríais que haber visto aquel sitio antes de su caída. Era un auténtico paraíso. Allí, todas las ciencias y las artes tenían un hueco para desarrollarse. Y Ella vino portando los más grandes avances en todos los campos de las ciencias. Era la mejor hechicera. Era la mejor científica. Y cuando cantaba, incluso los reyes de lugares lejanos venían a nuestro reino para oirla. Era tan perfecta que la nombramos nuestra Reina. Y entonces llegó el fin.
    -¿Que ocurrió?
    -Bueno, el Señor Oscuro en sus días era un ser tremendamente poderoso, pero podía ser derrotado. Y eso era lo que no deseaba. Así que ordenó a los del Nuevo Amanecer que investigasen para remediarlo. Pero no llegaron a tiempo. Él fué derrotado y sus siervos desaparecieron. Así que ella robó todos los secretos de la Orden y se estableció en Carnadine. Nunca imaginamos que aparte de todos los conocimientos que compartió con nosotros, llevase consigo el mayor de todos. Y que poner en practica su plan resultase tan terrible. El resto es historia. Sacrificó todo un reino para ascender a la dinividad pero no fué suficiente. Por lo que sé, sus poderes crecieron hasta el punto de permanecer viva donde quiera que acabase después de aquel cataclismo, pero nada más- suspiró tristemente mientras sacudia la cabeza pareciendo mucho más anciana-.
    -Siento interrumpirla señora- Tahjei puso su mano en el brazo de la mujer-, ¿pero que relación hay entre la Maldición y la Bruja?
    -Bueno. La Maldición de la Amargura fué uno de los más grandes descubrimientos de la Orden para captar siervos a la fuerza como función principal o crear seres sin voluntad si se expande de forma indiscriminada. En el primer caso, como pasa con tu amiga, se convierten en entes oscuros de grandes poderes al servicio de la Reina. En el segundo, sirve para controlar grandes masas de seres vivos para cualquier propósito.
    -Pero ella parecía estar bien. No había sombras alrededor, podía verla.
    -Oh... Vaya... Eso significa que queda poco tiempo.
    -¿Qué quiere decir con eso?
    -Pues pasa que la Maldición se dispone a asestar su golpe final. Permite una pequeña esperanza antes de golpear con una fuerza increíble con un acto tan terrible, que el corazón del portador acaba por hundirse definitivamente en la oscuridad, convirtiéndose en un siervo de Ella, para siempre.

    Tahjei y Rhinehart se miraron durante un segundo antes de correr hacia la calle para encontrar a Nahina antes de que fuera demasiado tarde. La adivina rezó porque así fuera.


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    Traducción al español por Huan Manwë